El
poeta y periodista recuerda en este artículo
a Mohamed Benchicou, ex director de «Le
Matin» y preso en Argelia desde 2004.
También recomienda el libro de Eliseo
Alberto 'Estar en alguna parte'.
Lunes
Una cárcel portátil.
En libertad, en medio de la noche libre,
y libre para escribir y publicar, uno
siente el rumor de las llaves, la música
áspera de los candados y la sensación,
la certeza tangible de los pasos contados.
No es el asalto de los recuerdos ni una
manía de persecución.Es la
realidad. Una llamada telefónica,
un mensaje, una voz que pide ayuda en un
punto cardinal de la tierra. Pienso
en este momento en Mohamed Benchicou, preso
en Argelia, al borde de su primer año
tras las rejas, condenado por «infracción
al control de cambios y movimientos de capitales».
Está encerrado desde junio de
2004 y Le Matin, el diario que dirigía,
está suspendido. Benchicou acaba
de cumplir 53 años. De acuerdo a
su sentencia tendrá que estar otros
12 meses en la cárcel porque, aunque
está enfermo, las autoridades se
niegan a darle la libertad por sus problemas
de salud. Fatiha, su esposa, que
lo vio en el centro penitenciario de El-Harrach,
dice que el periodista se mantiene firme
a pesar de que la artrosis cervical se agrava.
Dice que el hombre sigue creyendo en la
lucha y tiene mucha esperanza en Argelia.Se
niega a inclinar la frente y considera que
su encarcelamiento es sólo una palpitación
de su país que lucha por la dignidad.«Nuestros
carceleros, como sus cárceles, son
impotentes para desviarnos de nuestra causa»,
le dijo Benchicou a su mujer. Ahora
hay otros 10 periodistas argelinos encarcelados.
Son ellos parte de los 111 que guardan prisión
por hacer su trabajo con honestidad y profesionalidad.
Sería bueno que miremos todos detrás
de esas cifras donde se mueven, entre el
dolor, la angustia y la incertidumbre, miles
de seres humanos. Para acercarnos a esta
otra cifra rotunda: 27 periodistas han muerto
en el ejercicio de su trabajo desde que
comenzó el año 2005.
Por el fondo de esta nota pasa, triste y
enferma, la sombra de Florence Aubenas secuestrada
en Irak.
Raul
RIVERO |
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