PARA NO SOÑAR MÁS

(POUR NE PLUS RÊVER)

DE RACHID BOUDJEDRA

 

Leonor MERINO

 Leonor MERINO es doctora en la Universidad Autónoma de Madrid, traductora y autora de Encrucijada de Literaturas Magrebíes. Colabora en diversos medios de comunicación y participa asiduamente en congresos internacionales.

 


El prolífico escritor argelino, Rachid Boudjedra (Aïn Beïda, Este de Argelia, 1941), antes de escribir en lengua árabe en 1982 (su innovador Le Démantèlement traducido por el autor), escribe en francés seis novelas que turban las bases clásicas del contenido y la forma: La Répudiation (1969), L'Insolation (1972), Topographie idéale pour une agression caractérisée (1975), L'escargot entêté (1977), Les 1001 Années de la nostalgie (1979) y Le Vainqueur de coupe (1981).
      Pero, sobre todo, en estos poemas -
letanías- de adolescencia y juventud, Para no soñar más, se encuentra depositado el germen embrionario de la obra que le daría gloria internacional.
      Ahora, iracundo, el poeta lleva como estandarte la exigencia revolucionaria en su deseo de
abofetear a la justicia hasta que se ponga de pie.
      Amante de la palabra y en verdadero frenesí, expone su herida, deseo, exasperación de la carne, vértigo del suicidio, delirio, que son formas de la poética.

bar_s_1.gif

 

INTRODUCCIÓN

      Toda primera novela ha sido, tal vez, un bosquejo de palabras depositadas en unos versos. Así, en estos primeros poemas de Boudjedra -algunos pulicados en revistas literarias como Chorus en 1963-, se encuentra depositado el germen embrionario de una narración que le daría gloria internacional, El Repudio, en la que el autor se lanza, se enzarza, se ahoga, pero que, en parte, se salva, puesto que le ayuda a liberarse. Una narración en la que ciertas secuencias rítmicas toman el hálito del verso libre heredado de estos versos escritos en plena juventud, Para no soñar más.
      Rachid Boudjedra, escritor político, reivindica el derecho a la poética, lo que le permite, en sus diferentes y numerosas obras posteriores, aunar lo imaginario más desbocado con lo realidad más obtusa, así como injertar el delirio en el cuerpo del relato. Aunque sin caer en lo didáctico, puesto que siempre ha deseado demostrar que lo esencial es la creatividad y que lo que proporciona valor a una obra es su estilo, su estructura y su propia visión del mundo.
      El autor nunca ha deseado que los temas políticos y sociales oculten la escritura, la literatura, que interviene en un nivel superior, como en estos poemas que son todo un combate, toda una herida, en ese espacio donde el verbo conduce al vértigo por la única virtud de su resonancia. Un verso que, cuando se hace breve, es brusco, entrecortado, nervioso, verdadero frenesí. Y que, cuando el verso se alarga, la observación irónica de la sociedad se acompaña de un trabajo atento sobre la lengua, para que emerja un léxico hermético y un discurso dislocado de pesadilla, catártico, exorcista, machacón.
      La lengua de Boudjedra, suntuosa y rebelde, tiene la habilidad de exponer las alucinaciones más lúcidas, que se sitúan entre lo real y lo imaginario, en un lenguaje acompasado donde la interjección, la exclamación y el laconismo surgen como bengalas. Sufrimientos, deseos, exasperación de la carne, vértigo del suicidio que, como torrente bajo la tormenta, se lanza en el delirio verbal a la manera de Kateb Yacine que puede aparecer a veces delicada, al lado de toda aquella avalancha.
      Iracundo, el poeta lleva como estandarte la exigencia revolucionaria en su deseo de
abofetear a la justicia hasta que se ponga de pie : crítica a una burocracia y a una tecnocracia al servicio de la burguesía. Pero su juicio sobre Argelia no es una condena, puesto que el autor no reniega de su arabismo, sino de la parte enferma de esa sociedad.
      El mismo Boudjedra describe su propia intención:
Poeta decías/¡NO! hermano/Más bien/Martillo pilón/Oh esta vocación de bulldozer/Oh esta vocación de rompemares/Quisiera poner a mi pueblo/En el avenir/Del tiempo.
      Y este poeta, que conoce y ama nuestra lengua, también dedica un poema político a la España de 1963, en la que vivió unos años. Así, desde Barcelona, envía a sus amigos
La Noticia, donde les narra que es una polilla ambulante, un escarabajo viscoso que languidece. Y se duele del exilio carcomido.
      Si creemos que el sueño libera, estos poemas son interferencia entre lo ensoñado y lo real. Entonces, el escritor, "sol arácneo", se evade por el erotismo que explica, sencillamente, la pasión del mundo y del Otro a través del cuerpo:
Oh mi somnolencia enmarañada/A la sombra de tu sexo extraño/Confusión.../Pudrirme en ti/Abertura.../Derramarme en ti.

 


Para no soñar más (Pour ne plus rêver), Rachid Boudjedra, Huerga & Fierro Editores, Madrid, 2005