
© Olga LUIS RIVERO - Extraidos
de «Gran Rojo: Poemas escogidos 1979 - 2003»

A
la orilla de un río no crecen los panes
El sueño elogia las sombras
Éxtasis burla furioso...
Gotea acorde...
Ya no tienes rostro
OLGA LUIS RIVERO
A LA
ORILLA DE UN RÍO NO CRECEN LOS PANES
como en
tu cara que las avispas ignoran
No siento
abrirse los templos de oro
Ni siquiera
con el nuevo día sobre el aire
hacia interiores
que avanzan
Volver a
casa
Al fondo
del brazo muriendo un sueño sereno
¿Qué
es esto que anuncia margaritas reuniéndose
un día
de lluvia?
Alocado
encuentro
del ala
con el corazón destrozado del espejo
No sentir
el murmullo en la pared
Ni tan sólo
la luz de un faro
penetrar
la piel
que nunca
repite su ocaso
Muros, muros
fura de
tu alma
repitiendo
canciones
Soy el mar
que bajo
numerosas cabezas desciende
y sella
las rutas
Soy
quien ilumina
como un destino
y aleja
las lunas de los huesos vacíos
y no imploro
ni llevo zapatos
-pobre sandalia
dichosa que lejana mira la luz
cuando un
niño deshace mejillas y trenza nubes
tendido
en la playa-
Bosque bebiendo
andrajos
Encarnadas
plumas sin vida devolviendo espumas
Para los
desnudos claros despeñados
de luna
Solos
como un
cuerpo oculto
ofreciendo
sus labios
EL SUEÑO
ELOGIA LAS SOMBRAS
y todas
las muchachas que cantan con magia
y los montes
y los bosques más falsos
O míralo
bajo el
gran mediodía mentir
como esbelto
caballo
que nos
hablara
entre apasionadas
rodillas
y ramos
satisfechos
de su corazón
resquebrajado
Ojalá
supiera complacerles
Y pudrir
las torres
de este
paisaje que florece
Pero ahora
festejamos
Encontrarnos
a Solas
y nuestro
corazón resbala
de ciruelo
en ciruelo
más
libre y vacío
que las
nobles damas
de muerte
perversa
cuyas mejillas
tanto adoramos
cercanas
y cautivas
Éxtasis
burla furioso
la inflamación
y el dolor
Preciso
decirlo encapuchado
en columnatas
collados a mansos ríos
Qué
angosto para respirar
este rincón
atragantado
de redes
escasas y mínimas cerdas
Pienso por
la mañana
demasiado
grandes
las divinidades
y esos lobos
que construyen
jovial dolor
en antiguas mansiones
y ardientes
teas
bajo mis
pies
Gotea
acorde
nocturna
la mirada
escolta
de carmesíes
uñas
cansadas
arpas
de raíz
cortadas
Ágil
aplauso
al despertar
sólo
la fortuna
antigua
de tu lengua
Un mañana
lluvioso
acoso
sin embargo
el costado
miserable
que
dejaras
corazones
ramas rocas
y blandos
escollos
Voglio
amar e disamar
Caballo
de mí te alejo
tornándote
perpetuo
negro
el cuerpo
Ría
mi pie
En tiempo
de invierno
YA NO TIENES ROSTRO
ni evoco tus
pies
como
dos peces acostados
Ni
siquiera
el
viento
me
recuerda
cómo
sacudía
tu pelo manso
Pero desde lejos
susurras guerras
El
domicilio oscuro
donde
mi cerebro
exprimes
y ocultas tu prisión
Ahora
el
viento es mano de marfil y llama a mi puerta
como
llamabas tú
Me escuchaste partir
-barca
suave que se aleja-
Eras tú
quien
devolvía los violines rotos al amante
tú
bajo
los
puentes
carcomidos
de
amor
Amor
al
rostro
y
a mis ojos lo mismo que la lluvia por tu cuerpo
hacia mohosas alcantarillas
de silencio
siempre
desde
el pozo que habitaba
lanzando estrellas
a tu cárcel de dulzura
Y vuelves
vuelves
como
retorna el gato al patio de la casa
vuelves
aunque la muerte
tocará
tu
apacible rostro |